BLOCKCHAIN La tecnología del futuro

BLOCKCHAIN La tecnología del futuro

Para la mayoría, la idea de las criptomonedas es algo salido de Hollywood. A todos nos enseñaron que la moneda es lo que un país emite, respaldándolo con sus reservas y probándole así al resto de la comunidad internacional su solvencia económica. Entonces, ¿cómo puede existir una moneda que no solo no sea de un país, sino que además no tenga “reservas” que aseguren su valor?

Esto parece magia, o una estafa, en realidad se sostiene gracias al blockchain, una tecnología que promete cambiar el mundo. Pero ¿Realmente funciona? ¿En verdad es el futuro que llegó para quedarse? ¿Se trata de un futuro deseable? Para responder a estas y otras preguntas, vamos a adentrarnos un poco en el mundo del blockchain.

¿Qué es el blockchain?

Como su nombre lo indica, el blockchain es una manera de estructurar y codificar la información, en la que cada bloque es un conjunto de datos que contiene una cantidad específica de registros válidos, información del bloque e información en relación a los otros bloques de la cadena. 

Esto hace, entre otras cosas, que para poder modificar la información de un bloque, sea necesario modificar la información contenida en todos y cada uno de ellos. Si bien blockchain es un término nuevo en el vocabulario del común de las personas, lo cierto es que se trata de un concepto que lleva muchos años dando vueltas, y que combina diferentes tecnologías que ya estaban disponibles desde principios de los años ‘90. Los más optimistas aseguran que esta propiedad del blockchain, junto con el hecho de que por cada cadena se almacena una copia idéntica con la cual se contrasta para todos los participantes de una red, lo hace inhackeable. Debemos aclarar que, si bien esta tecnología está principalmente aplicada a criptomonedas, puede servir para mucho más, y en esto consiste, justamente, la promesa de que el blockchain es la tecnología del futuro. 

Para la mayoría, blockchain es lo que hace funcionar a los bitcoins, pero la realidad es que esta tecnología tiene implicaciones más profundas, y muchos más usos de los que imaginamos. Por sus posibilidades técnicas, y su cualidad pública, podemos entender al blockchain como un registro inalterable que permite certificar y validar información de manera descentralizada y confiable. Pero ¿Podemos creer que  es así realmente?

Blockchain no es un metáfora

Uno de los grandes problemas con esta tecnología es que, como suele suceder, la falta de conocimiento real sobre ella lleva a hacer promesas que son muy difíciles de mantener. Por ejemplo, algunos proponen usar blockchain para crear sistemas de inteligencia artificial. 

Lo cierto es que la tecnología de blockchain consiste en una cadena literal de datos, no en un concepto abstracto. Hay una razón por la cual los gigantes de la industria como Google o Facebook trabajan sobre otras opciones para estos desarrollos. La cadena de datos es una gran solución para mantener cierta integridad en un registro histórico auditable, sin la necesidad de terceras partes que validen los datos ingresados (ya que la validación está dada por la relación con los bloques anteriores y los procesos de criptografía). Sin embargo, esto nos lleva al siguiente peligro: creer que estamos frente a un sistema ciento por ciento seguro.

La confianza lo es todo

Uno de los grandes beneficios propuestos por el blockchain es que el mismo encadenamiento contiene toda la información y su relación con los otros bloques.

 Cualquiera podría auditar la cadena, y ver un registro histórico e inalterable de los datos contenidos en cada bloque. De este modo, dejamos de necesitar organismos de fiscalización, ya que podemos operar bajo la premisa de que la información está ahí para todos, y que si alguien quisiera alterarla, lo sabríamos.

El problema con esta idea es que la auditoría no está al alcance de todo el mundo. Tomemos el caso del voto electrónico, por ejemplo. Con un sistema de votación en papel, cualquiera de los votantes puede acercarse a contar las boletas. Pero con un sistema electrónico, solo aquellos que dispongan de la formación correcta pueden revisar el software.

De este modo, los más extremistas señalan que, si bien el sistema es más transparente por la información, en realidad es menos transparente porque menos gente puede auditar esa información. Hay que destacar, además, que el blockchain habla sobre la garantía de la integridad de los datos una vez que fueron ingresados al sistema; claro que hay otra serie de problemas que tienen que ver con la fiabilidad de los datos ingresados, pero esto es ajeno al repositorio de datos que utilicemos.

¿Qué va a ocurrir con el blockchain?

 Es difícil predecir a ciencia cierta lo que va a pasar con una tecnología que promete ser tan revolucionaria como esta, pero basados en todo lo que hemos visto, no podemos negar que el blockchain ya marcó un cambio de paradigma. 
El sistema como lo conocemos hoy todavía tiene muchas promesas incumplidas, y muchos puntos de disputa, pero esto no significa que no sea un excelente punto de partida para algo mejor. Las criptomonedas siguen creciendo, y si bien algunos temen que se dé un fenómeno de burbuja, lo cierto es que estamos en territorio desconocido. Hay que destacar también que la mayoría de los análisis sobre blockchain se limitan a su uso en el contexto de las criptomonedas, pero como suele suceder, esta tecnología abre el juego a un montón de posibilidades (varias mucho más serias que las promesas de utilizarla para inteligencia artificial). 
Un sistema de datos colaborativo, auditable por todos los miembros de la red y con un registro histórico secuencial tiene muchos más usos de los que parece. 

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